Tuve una temprana relación con las profundas y desconocidas emociones que me produce la música, y solía dormirme apilando varios discos de vinilo, para que fueran cayendo, contándome historias sin fin.
Un buen día me vi a mi mismo tocando y contando otras historias y el camino parece que no se detendrá. En el presente me adentro cada vez más en una música espontánea y colectiva, como comunicación y puente a lo desconocido. Creo que el sonido es una puerta inmensa para conocernos y adentrarnos en el espíritu de nuevas relaciones. Y sigo haciendo canciones cada tanto, cuando algo que siento como propio, necesita salir del pecho y quedar manifiesto. Cuando las hago, creo que pertenecen al género folklore, la música del pueblo al que orgulloso pertenezco.



